El hambre en el mundo está aumentando, sin embargo, aproximadamente un tercio de todos los alimentos producidos a nivel mundial se pierden o se desperdician. Todos tenemos un papel que desempeñar en la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos, no solo por la comida sino por los recursos que hacen falta para producirlos.

El desperdicio de alimentos tiene importantes efectos ambientales, sociales y económicos. Por ejemplo, en un momento en que la acción climática aún está rezagada, entre 8% y 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero están asociadas con alimentos que no se consumen, si se toman en cuenta las pérdidas que suceden antes del nivel del consumidor.

Por ejemplo, si es un vegetal, debemos pensar en la cadena que hay detrás de él para que llegue a un hogar: desde la tierra donde se cultiva (terrenos que muchas veces son clave para el hábitat natural de una determinada región) hasta los fertilizantes, el proceso de empaque, el almacenamiento (que en su mayoría requiere de bajas temperaturas que dependen del combustible), el transporte, etc.

Lo mismo sucede en el caso de la carne, para la que se necesita una tremenda cadena de producción y procesamiento antes de que llegue a la boca del consumidor.

¿Qué pasa en América Latina?

La mayoría de los países latinoamericanos no tiene información acerca del desperdicio de alimentos. Esto es un problema pues, sin datos, es imposible dimensionar el tema.

Los investigadores lograron reunir información de siete diferentes puntos geográficos, pertenecientes solo a 4 países de Sudamérica: Belice, Brasil, México y Colombia.

De acuerdo con los resultados, Belice desperdicia 53 kilos por persona al año, mientras que en Brasil fueron 60, en México 94 y en Colombia 70.

“Los resultados en América Latina sugieren que existe una cantidad sustancial de desperdicio de alimentos proveniente especialmente de los hogares. El continente tiene todavía un largo camino para abordar el problema pues debe entender lo que está sucediendo en sus fronteras para tomar acciones”, explica Tom Quested.

Mensajes clave

  1. No hay cabida para la pérdida y el desperdicio de alimentos.
  2. Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos ofrece un poderoso medio para reforzar la sostenibilidad de nuestros sistemas alimentarios y mejorar la salud del planeta. 
  3. Aumentar la eficiencia de nuestros sistemas alimentarios y reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos exige invertir en innovación, tecnologías e infraestructura. 
  4. La recuperación y la redistribución hacen un buen uso de los excedentes de alimentos y contribuyen a mejorar el acceso a los alimentos de las personas que sufren inseguridad alimentaria, evitando el desperdicio de alimentos y garantizando beneficios económicos, ambientales y sociales.
  5. Destinar los residuos de alimentos al compostaje es mejor que enviarlos a un vertedero, pero evitar primero que se desperdicien los alimentos es una forma aún mejor de reducir el impacto en el medio ambiente. 
  6. Para lograr y maximizar los efectos positivos de la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos, se requieren una buena gobernanza y desarrollo del capital humano, así como colaboración y asociaciones. 

¿Cómo podemos reducir el desperdicio de alimentos?

En promedio, el reporte de la ONU sugiere que a nivel mundial una persona desecha al menos 121 kilos de alimentos al año. Pero ¿qué puede hacer esa persona para dejar de botar tanta comida?

  • Lo primero es comprar de forma planificada y la cantidad correcta de porciones. WRAP sugiere llevar un registro de lo que se compra y efectivamente se usa. Además, calcular las porciones: una taza de arroz, por ejemplo, rinde por lo menos para tres adultos.
  • También es importante verificar y entender la fecha de vencimiento de un determinado producto. En el caso de que un alimento vaya a caducar pronto, se puede congelar.
  • Además, es aconsejable no tirar a la basura las frutas y verduras que se vean “feas”. Muchos alimentos se desperdician porque no cumplen con los requisitos de forma, tamaño o apariencia que solemos asociar con la “calidad” de un producto.
  • Finalmente, mantener el refrigerador a una temperatura adecuada de aproximadamente 5°C es esencial para que perduren los alimentos. Según el Programa de Acción de Residuos y Recursos, una organización benéfica británica, por lo general los frigoríficos funcionan a 2°C más de lo recomendado.

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